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¿Por qué se habla tanto de la estimulación temprana?

11-07-2014
El ser humano nace con menos de un tercio de la capacidad cerebral adulta y después del nacimiento, se observa que la corteza y todo el sistema nervioso central crecen rápidamente por efecto directo de las experiencias recibidas del medio ambiente. Por otra parte, las investigaciones indican que hasta los seis años, cada niño dispone de un potencial intelectual que no volverá a tener en igual grado, el resto de su vida.

• La estimulación temprana comprende a todas las actividades de contacto o juego con un bebé o un niño, que propicia, fortalece y desarrolla adecuada y oportunamente sus potenciales humanos.

• El boom que ha tenido este tema responde principalmente, a los múltiples estudios e investigaciones que han demostrado que es posible perfeccionar y enriquecer el desarrollo de las habilidades en los niños gracias a una estimulación a la que se le ha denominado temprana, pues se proporciona incluso desde que el bebé se encuentra en el vientre materno.

• En un principio, las técnicas de estimulación temprana estaban dirigidas a bebés que presentaban alguna alteración en su desarrollo, ya sea debido a lesiones en el sistema nervioso, a lesiones indirectas producidas por alguna enfermedad, alteraciones genéticas o bien deficiencias producidas por factores ambientales.

• Actualmente, además de este enfoque terapéutico, el objetivo de la estimulación temprana es enriquecer el desarrollo de habilidades mentales, emocionales y sociales en los niños en general.

¿Para qué estimular?

• Se dice que el 75% de la maduración del sistema nervioso está programada genéticamente pero el resto depende de la estimulación que recibimos del medio ambiente.

• El desarrollo de nuestras habilidades en general responde a miles y millones de conexiones en las células cerebrales que se realizan gracias a la información que recibimos del medio ambiente, primero por nuestras sensaciones, desde el vientre materno, y después por nuestras percepciones. El estímulo ambiental afecta la arquitectura cerebral.

• También sabemos que aunque los comportamientos instintivos y reflejos aparezcan, incluso en ausencia de la experiencia, no sucede lo mismo con la actividad mental superior. La estimulación sensorial, psicomotríz y cognitiva durante los primeros años contribuye en gran medida al desarrollo de estas capacidades y, si esta estimulación no se proporciona, estas habilidades no se desarrollarán.

• En este sentido, los médicos y especialistas hablan de la “plasticidad cerebral” que se refiere a la posibilidad de modificación de la estructura y funcionamiento de las neuronas por su uso o desuso.

• Las investigaciones también hablan de un período crítico que una vez transcurrido, sin la estimulación necesaria, las habilidades pueden perder su potencial genético de desarrollo. Pero ojo, también está comprobado que el exceso de estimulación puede resultar tan nociva como la falta de ésta. De esta manera, los adultos pueden motivar o bien inhibir esta dimensión indisoluble, cognitiva, social y afectiva del desarrollo de un niño.

• Cuando la madre de un bebé de tres meses permite al bebé tocar su cara, la estimulación táctil, visual y olfativa que recibe el bebé, está ligada al momento afectivo y de relación entre la madre y el hijo y de esta manera, el aprendizaje es integral. En todo aprendizaje existe una fuerza afectiva, que si es positiva estimulará el desarrollo de habilidades.

• Entre más experiencias se le permita tener al niño con su medio, él se familiarizará más rápidamente y será capaz de un mejor manejo, se conocerá mejor a sí mismo y tendrá un mejor dominio de su cuerpo y de sus organizaciones sensoriales.

• No todos somos iguales en ritmo de maduración y aprendizaje.

• La estimulación no consiste en acelerar el desarrollo, sino en optimizar y promover el potencial de cada niño. Es como si estuviéramos preparando el camino y las herramientas necesarias para el momento de poder utilizarlas. Este aspecto es muy importante, ya que las etapas de desarrollo de maduración no pueden adelantarse. Así, un bebé por más estimulado que esté, no podrá caminar hasta alcanzar su nivel de madurez para desarrollar esta habilidad, que en términos normales oscila entre los 10 y los 15 meses. Tampoco podrán controlar sus esfínteres, hablar, brincar o subir escaleras antes de obtener su nivel de maduración por más que practiquemos estas habilidades con ellos.

• Hablamos de su nivel de maduración ya que éste responde en gran medida a su estructura genética, la cual no puede alterarse mediante este tipo de estimulación. Lo que sí podemos hacer, es proporcionar las condiciones óptimas para que este potencial genético llegue a su máxima expresión.

• Si por el contrario, las condiciones de estimulación son adversas, el potencial de desarrollo puede verse afectado hasta el grado de llegar a anularlo.

También es importante mencionar que toda actividad de estimulación debe promover el afecto y la comunicación ya que al promover sus habilidades también desarrollamos hábitos, valores, afectos y la autoestima del niño.